La Bruma

La niña se había acurrucado en un oscuro rincón mientras sus dos hermanos se adentraban en el cementerio. Ella tenía miedo pero la habían obligado a quedarse allí.

Primero había escuchado los gritos desgarradores que perturbaron los resquicios del silencio que se había adueñado en aquel tenebroso escenario y después extraños sonidos que no pudo identificar. La niña nunca supo que sus dos hermanos habían encontrado la muerte a escasos metros...

Los minutos iban pasando y la oscuridad poco a poco fue gobernando el lugar mientras el frío de la noche se introducía en los huesos de aquella pequeña niña.

Convertida en un ovillo, sola e indefensa, lloriqueaba asustada sin atreverse a pronunciar los nombres de sus hermanos que tardaban en regresar.

Comenzó a escuchar un ruido leve, lejano y alzó la cabeza para observar con atención, pero las sombras le impidieron discernir la fuente de aquel sonido que parecía acercarse lentamente, sin prisa.

La niña pegó la espalda al muro del cementerio comprendiendo que fuera lo que fuere se estaba moviendo, que se aproximaba haci
a donde ella se encontraba y comenzó a temblar aterrorizada.

El sonido no dejaba de producirse, la pequeña de manera instintiva miró hacia el suelo teniendo la certeza de que algo de considerables dimensiones se estaba arrastrando, acercándose hacia sus pies. Nada pudo ver.

De repente los misteriosos sonidos cesaron y ella se levantó al percibir una neblina que se estaba formando delante de tus propios ojos. Al principio era tenue pero poco a poco fue adquiriendo una espesa tonalidad grisácea que se erguía aproximándose al compás de una suave brisa que hasta el momento la niña no había percibido.

Se acercaba. La misteriosa niebla se aproximaba con lentitud mientras la niña abría los ojos aterrorizada. Pronto se vio rodeaba de aquella sustancia gris, sintió el frío en cada poro de su piel y escuchó susurros y lejanas voces que parecían pronunciar su nombre, como un macabro coro que pretendía atemorizarla.

La niña gritó horrorizada al notar lo que creyó que eran dedos y manos calientes que la tocaban los brazos y las piernas para finalmente agarrarla fuertemente. Ya no podía moverse.

Vio algo tras la misteriosa niebla que la había rodeado, algo que la estremeció. Después… ella ya no estaba allí. Ahora sólo el silencio y la soledad se habían adueñado del lugar, mientras una misteriosa bruma se alejaba lentamente hasta perderse más allá del horizonte, en el más absoluto misterio.

3 comentarios:

Lorena dijo...

uff! cuanta tensión en un relato tan corto.

Ruben dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Ruben dijo...

La verdad es que se me han puetso los pelos de punta. ¡Enhorabuena!